Como parte del análisis legal que realizamos periódicamente en nuestro blog y ofrecemos gratuitamente a nuestros lectores, ya publicamos tiempo atrás un artículo donde analizábamos la regulación jurídica de la gestión de los contenidos digitales de personas fallecidas, y otro donde comentábamos la Ley de Voluntades Digitales de Cataluña, ambos de autoría del jurista Ricardo Oliva León.

En esta oportunidad, Ricardo Oliva analiza en exclusiva para Mi Legado Digital la viabilidad jurídica del “testamento inteligente” o del testamento embebido en y controlado por un contrato inteligente (en inglés, Smart Contract) en el marco del Derecho español. Para ello examina el uso de la tecnología conocida como cadena de bloques (en inglés, blockchain) en la gestión post mortem de los contenidos digitales.

Se trata de un tema apasionante y polémico que –hasta donde tenemos constancia- se pone recién en la mesa de debate y se aborda por primera vez en España.

 

Tecnología blockchain y los Smart Contracts

Especialistas han señalado que la tecnología blockchain va revolucionar todas las industrias y todos los sectores: la banca, la industria de seguros, las empresas de telecomunicaciones, la industria energética, el sector sanitario y farmacéutico, la gestión contable de las pymes, el juego online, la profesión periodística, el tercer sector, la administración pública, la propiedad intelectual y el comercio electrónico, entre otros [1].

Pero, ¿qué es la blockchain? Dicho en manera sencilla una blockchain o cadena de bloques o cadena articulada, se puede definir como una gigantesca base de datos descentralizada formada por cadenas de bloques, concebida para no ser alterada. Se trata de una base de datos que se halla distribuida entre diferentes usuarios (nodos), protegida criptográficamente (cifrada), y organizada en registros de transacciones (bloques). Los usuarios se encargan de verificar las transacciones que ocurren con el fin de validarlas y así el bloque que contiene la transacción validada queda registrado en la gigantesca base de datos.

La blockchain, hoy en día, es uno de los múltiples softwares de acceso abierto capaz de proporcionar un alto grado de seguridad a la información almacenada que además permite llevar a cabo combinaciones de gran volumen a bajo coste y gran velocidad.

La blockchain tiene múltiples aplicaciones. Una de ellas es utilizarla como base de plataformas descentralizadas que permiten soportar la creación de los llamadoscontratos inteligentesentre pares. El objetivo este tipo de plataformas es permitir a una red de pares administrar sus propios contratos inteligentes creados por los usuarios. Primero se redacta el contrato mediante un código informático y después se sube a la cadena de bloques mediante una transacción. Una vez en la cadena de bloques, el contrato tiene una dirección desde la cual se puede interactuar con él. Un ejemplo de este tipo de plataformas es Ethereum.

Antes de la aparición de la blockchain aproximadamente hace 10 años (aquí un resumen de los hitos principales de la cadena de bloques) no existía ninguna plataforma que pudiera hacer realidad los contratos inteligentes. Bitcoin en sí misma es un ejemplo de contrato inteligente, donde las reglas de juego están codificadas y aceptadas por sus participantes. Ethereum permite crear contratos inteligentes completos y almacenar el código fuente en su cadena de bloques.

Pero entonces, ¿qué son los contratos inteligentes o Smart Contracts? Un Smart Contract es un programa informático que facilita, asegura, hace cumplir y ejecuta acuerdos registrados entre dos o más partes (que pueden ser personas físicas o personas jurídicas). El programa informático vive en un sistema no controlado por ninguna de las partes o sus agentes, y que ejecuta un contrato automático el cual funciona como una sentencia “if – then” (si – entonces) de cualquier programa de ordenador. En este caso lo relevante es que el programa interactúa con activos reales. Cuando se dispara una condición pre-programada, no sujeta a ningún tipo de valoración humana (en lenguaje jurídico, una especie de “condición suspensiva”), el contrato inteligente ejecuta la cláusula contractual correspondiente (una mayor explicación sobre los smart contracts puede leerse aquí).

El objetivo principal perseguido por los contratos inteligentes es reducir los costes de transacción asociados con la ejecución del contrato. Funciona perfectamente para transacciones de ejecución inmediata que requieran un acuerdo escrito o registrado entre las partes (como un contrato de seguros). Por ejemplo, imaginemos un pasajero que haya adquirido un billete con un seguro de reembolso ante determinadas circunstancias, como la de quedarse en tierra; recibiría, en caso de que esto suceda, el reembolso de la cantidad estipulada de manera directa y sin necesidad de redactar reclamación alguna; el pago de la indemnización se efectuaría de manera inmediata porque está asociado a un contrato inteligente [2].

Tecnología blockchain y Derecho de sucesiones

El Derecho de sucesiones (o Derecho sucesorio) regula la llamada “sucesión mortis causa” (o sucesión por causa de muerte) y se encarga de determinar el modo de reparto y destino de la herencia (según el artículo 659 del Código civil, la herencia comprende todos los bienes, derechos y las obligaciones de una persona física siempre que ellos no se extingan por su muerte).

En la herencia intervienen varias personas, a decir:

  • Causante: persona que transmite su patrimonio por causa de su fallecimiento. Puede dejar testamento (sucesión testada) o no dejarlo (sucesión intestada).
  • Testador: es el causante que deja testamento.
  • Herederos o causahabiente: persona o conjunto de personas que reciben el patrimonio del causante.
  • Legatario: persona que recibe determinados bienes individuales del causante pero no una cuota de la herencia.
  • Albacea: es el encargado por un testador o por un juez de cumplir la última voluntad del causante y custodiar sus bienes, específicamente, ejecuta y vigila la ejecución del testamento.

Desde un punto de vista técnico, la información referida a la herencia podría ser almacenada, perfectamente, en una plataforma blockchain. El secreto de la tecnología de la cadena de bloques no está en el software sino en las fórmulas que ofrece para identificar, capturar y traducir, de un lenguaje legal a un lenguaje digital, los contenidos digitales a fin de poder transferirlos automáticamente a los herederos.

En un estudio de la ONTSI se define el término contenidos digitales: “toda información producida y almacenada en formato electrónico que se comercializa, transmite y reproduce a través de redes de telecomunicaciones y servicios TIC.” A título de ejemplo, menciono algunos contenidos digitales:

  • Fotografías, audios y vídeos contenidos en el teléfono móvil.
  • Fotografías, audios y vídeos publicados en redes sociales.
  • Vídeos compartidos en Youtube.
  • Archivos digitales almacenados y alojados en la nube.
  • Artículos publicados en blogs o bitácoras.
  • Películas vistas o descargadas de Netflix.
  • Música y créditos en Spotify.
  • Podcasts almacenados en IVOOX.
  • Paquetes de cursos online con documentos, vídeos y audios descargables.
  • Libros digitales.
  • Servicios de creación, verificación y validación de firmas electrónicas.
  • Puntos acumulados para descuentos por la compra en Internet de pasajes aéreos y en autobuses.
  • Procesamiento de pagos online y dinero acumulado en Paypal.
  • Dinero electrónico y criptomonedas.

Quizá el mérito principal de la tecnología blockchain en materia sucesoria radique en que ofrece la posibilidad de democratizar y desintermediar la gestión de los contenidos digitales del causante que hace testamento. Además, el lenguaje binario automatizado que sustenta los Smart Contracts puede facilitar, como explicaré a continuación, el proceso de transferencia y distribución de contenidos digitales haciendo que se cumpla fielmente la voluntad del testador.

No obstante, la utilización de contratos inteligentes para ejecutar los testamentos trae consigo también problemas y riesgos de carácter técnico y legal.

 

Planteamiento del problema

Hoy en día muchas de nuestras más importantes experiencias de vida y memorias son capturadas en emails, imágenes digitales, vídeos y otros contenidos digitales.

Producido el fallecimiento de una persona y abierta la sucesión, el proceso de transferencia de propiedad de los bienes, y la cesión de los derechos y las obligaciones del fallecido a sus herederos y legatarios, según el caso, puede requerir la participación de varias personas. Por un lado, están los ejecutores de la herencia: el administrador de la herencia y el albacea. Por otro lado, están profesionales del Derecho como el notario, juez, registrador civil, abogado que intervienen de una u otra manera en el proceso (la intervención del notario, por ejemplo, es necesaria en los testamentos abiertos y cerrados).

La presencia de todos los sujetos mencionados, si bien es legalmente imprescindible en la mayoría de casos, origina la cuestión de si –a través del uso de la tecnología- pueden ser omitidos del proceso sucesorio. Se nos plantean las primeras cuestiones: ¿Son realmente necesarios todos los intervinientes mencionados? ¿Existen mecanismos técnicos que permitan al testador autocompletar automáticamente el proceso de transferencia de contenidos digitales después de su muerte? ¿Son los testamentos la vía más adecuada para gestionar “post mortem” contenidos digitales?

Imaginemos que una persona que ha hecho testamento quiere modificarlo, pero resulta que muere antes de poder hacerlo. Como sabemos, el proceso de modificación de testamento implica “rehacer” el testamento, para lo cual hay que acudir nuevamente al notario. El trámite de modificación de testamento toma su tiempo. Surge, entonces, la segunda cuestión: ¿Existe algún mecanismo técnico que permita incorporar automáticamente las modificaciones realizadas por el causante a una versión previa de su testamento?

La tercera cuestión –o más bien, la tercera dificultad- ocurre cuando el causante es titular de criptomonedas (por ejemplo, de bitcoins). Como sabemos, actualmente las criptomonedas son almacenadas en monederos (“wallets”) a los que se accede a través de una clave privada o archivos cifrados protegidos por contraseñas. Si un individuo que tiene criptomonedas muere sin haber comunicado a una tercera persona cuáles son sus credenciales para poder acceder a su monedero, entonces, los saldos del monedero se perderán irrevocablemente. Da igual que el causante haya hecho testamento ya que, en la práctica, el heredero y/o el legatario si no conoce las credenciales que utilizaba el fallecido no podrán acceder jamás a los bitcoins.

Téngase en cuenta que el saldo de una herencia puede ser negativo (cuando las deudas/obligaciones del causante son mayores que sus bienes/derechos). Para facilitar la comprensión del presente artículo voy a partir de la premisa que nos encontramos frente a una herencia positiva (es decir, los bienes/derechos superan el valor de las deudas/obligaciones del causante). Evidentemente, estamos ante un caso de sucesión testada porque hay un testamento.

¿Es posible en España –jurídicamente hablando- utilizar Ethereum para transferir a los legítimos herederos y legatarios del causante los contenidos o activos digitales (imágenes, fotografías vídeos y otros documentos electrónicos, etc.) de éste?

¿Se puede prescindir de alguna figura interviniente en un proceso testamentario? Clic para tuitear

Imagina una plataforma basada en blockchain para gestionar contenidos digitales

Imaginemos una plataforma cuyas funcionalidades principales residan en la plataforma blockchain (concretamente, Ethereum). Gracias a los Smart Contracts, los contratos se pueden ejecutar programáticamente, en respuesta a eventos ocurridos en el mundo real (es decir, a eventos que suceden fuera de la cadena de bloques).

El uso de Ethereum garantizaría un almacenamiento confiable de la información relacionada con la herencia y que las últimas voluntades del usuario (causante), especificadas en el Smart Contract, permanezcan inmutables durante un largo plazo (a no ser que el propio usuario, por supuesto, las modifique).

En el caso de un testamento, una plataforma blockchain que admita contratos inteligentes también permitiría garantizar las siguientes propiedades:

  • Autenticidad: un testamento almacenado en forma de un contrato inteligente garantizaría que su contenido fue proveído por su autor original, es decir, por el causante.
  • Inmutabilidad: una vez que el testamento ha sido firmado y cargado en la blockchain, no puede ser modificado o eliminado por atacantes o terceros.
  • Fiabilidad: la blockchain contiene una gran cantidad de nodos que validan conjuntamente el corriente estado del sistema. Los datos de los contratos inteligentes (en nuestro caso del “testamento inteligente”) y los registros de las transacciones se almacenarían, validarían y replicarían en cada nodo de la red. Por lo tanto, sería muy difícil para un atacante interrumpir la red o corromper los datos.

Las empresas dedicadas a la custodia de los activos o contenidos digitales de las personas físicas tienen que estar preparadas para ofrecer un servicio de largo plazo. Desde que un cliente las contrata hasta que muere pueden pasar varios años. El largo plazo puede quedar garantizado con una red de blockchain grande porque la cadena de bloques no depende de una sola “organización” (para cerrar “Ethereum”, por ejemplo, se requeriría la desactivación de un gran cantidad de sus nodos, lo cual es prácticamente imposible).

La cadena de bloques de Ethereum, garantiza su integridad y disponibilidad de cara al futuro. La blockchain permitiría transferir de forma segura activos digitales sin necesidad de intermediarios. Los datos de los usuarios se podrían almacenar utilizando un sistema de “legado distribuido” con el fin de garantizar privacidad y confiabilidad. Un enfoque de diseño orientado a la descentralización y autosostenibilidad.

Desde un punto de vista técnico, cabe preguntarse sí sería posible que se pudiera simplificar el proceso de transferencia de propiedad mediante el uso de algoritmos avanzados combinados con contratos inteligentes.  Es cierto que la necesidad de contar con “terceras” personas por mandato de la ley (el notario en un testamento) para transferir propiedades con garantías tiene más que ver con cuestiones legales que con aspectos técnicos. Desde un punto de vista técnico, cabe preguntarse si el empleo de algoritmos avanzados combinados con contratos inteligentes podría permitir simplificar el proceso de transferencia de los activos digitales. ¿Se podría realizar transferencias más seguras que la actual, sin contar con terceras personas, de cualquier tipo de activos digitales como imágenes, videos, archivos de audio y texto, y criptomonedas?

Imaginemos que todas esas importantes experiencias de vida y memorias capturadas en emails, imágenes digitales, vídeos y otros contenidos digitales (vamos a llamarlas “recuerdos digitales”) las agrupáramos en una especie de “cápsulas” digitales y que el usuario pudiera programar su transferencia a uno o más destinatarios a partir del momento de su muerte y cuando ocurriese un específico evento verificable. Por evento verificable me refiero a cualquier hecho o condición que pueda ser automáticamente verificado y señalado para ser usado por la blockchain en un interfaz informático con alguna cantidad mínima de fiabilidad. Por ejemplo, si una persona fallece cuando su único hijo tenía 15 años, podría haber establecido en su testamento que cuando dicho hijo cumpliera 18 años se le entregara un vídeo que su padre preparó para esa especial ocasión antes de su deceso. La condición o evento verificable sería aquí el cumplimiento de los 18 años por parte del hijo. Producido el hecho, automáticamente se ejecutaría el testamento en los términos establecidos por el padre causante.

Bajo esta fórmula, el usuario, gracias a la blockchain, podría especificar qué eventos y qué condiciones desencadenarían una transferencia de la “cápsula” digital a terceras personas (herederos y/o legatarios).

Las “cápsulas” digitales podrían ser programadas de manera diferente. Por ejemplo, un usuario podría querer enviar un correo electrónico a cada uno de sus hijos una vez que estos adquieran la mayoría de edad, o compartir con ellos recuerdos especiales de días importantes de su vida, como su graduación universitaria o su boda, incorporados en fotografías, páginas webs, vídeos, etc. Un usuario podría especificar fácilmente qué eventos y condiciones desencadenarían una transferencia de la cápsula digital utilizando un Smart Contract.

Retos técnicos impuestos por la blockachin

1) La Prueba de Vida (PdV)

¿Cómo saber si un usuario ha fallecido? Probablemente, este sea el reto más difícil a superar ¿Existe algún sistema técnico que permita determinar con precisión y eficacia si el usuario está vivo o no, sin involucrar a intermediarios o terceras personas en este proceso?

La ejecución del  Smart Contract se activa con la verificación u ocurrencia de un hecho cierto. Utilizar un Smart Contract nos conduce a tener que verificar, periódicamente, si nuestro cliente se mantiene vivo o ha fallecido. Para ello es posible utilizar diferentes técnicas con el fin de adoptar una decisión confiable y acertada y, en su caso, activar el Smart Contract.

La PdV puede basarse en patrones de actividad de sus redes sociales –que ofrece la ventaja de no requerir una señalización explícita del usuario- o en notificaciones periódicas remitidas por correo electrónico con el fin de pedirle al usuario que simplemente haga clic en un enlace. También se podría utilizar una pulsera que capture y mida las pulsaciones cardíacas del usuario e informe si su pulso se ha detenido. Esta última opción exigiría que el usuario no se quite la pulsera nunca y además que la empresa cuente con el consentimiento expreso previo relativo a dicha monitorización, en estricto cumplimiento de la normativa de protección de datos.

Se pueden combinar también diferentes mecanismos de PdV para alcanzar el nivel deseado de confianza con una buena experiencia de usuario. Una vez que el mecanismo de PdV determina que el usuario ha muerto, las “cápsulas” digitales programadas para su distribución serían transferidas automáticamente conforme a su voluntad.

El monitor de la PdV podría implementarse en diferentes niveles de la aplicación y configurarse de tal modo que el usuario, a través de la interfaz web o móvil, pueda utilizarlo e, internamente, incorporar un comandado a instancia del contrato inteligente del usuario.

Se pueden utilizar varias fuentes de datos para los fines de la PdV que estarían conectadas con el Smart Contract, entre los cuales cabe mencionar algunas de las posibles:

  • Actividad dentro de una blockchain: un usuario podría proveer información sobre su estado de vida simplemente enviando una transacción vacía a su monedero de la cadena de bloques. De este modo se podría tener una idea de si está vivo.
  • Actividad del usuario en línea: como ya mencioné antes, la actividad del usuario en las redes sociales podría ser un buen indicador de si está vivo o no el usuario. Se pueden implementar “plugins” con la finalidad de tener señales de actividad en Internet por parte del usuario. Estos plugins podrían estar vinculados a sus redes sociales y a la plataforma de la empresa que gestiona los contenidos digitales del usuario.
  • Uso del teléfono móvil: esto incluye la comprobación de si el móvil se encuentra activo o no. La empresa también podría obtener señales directas e indirectas a través de una aplicación móvil. Las señales directas se obtendrían de los usuarios a partir de llamadas o del envío de notificaciones periódicas por SMS; las señales indirectas podrían ser obtenidas utilizando procesos o sistemas capaces de leer e interpretar metadatos que hubieren sido proveídos por los usuarios.
  • Notificaciones por email: como antes indiqué los usuarios pueden señalar actividad haciendo clic en un enlace enviado periódicamente desde los servidores de la empresa gestoras del contenido digital a través del correo electrónico.
  • Registros oficiales de defunción: las administraciones públicas de algunos países suelen ofrecer información en registros o bases de datos públicas a través de las cuales se puede buscar libremente información sobre el estado civil del usuario. Este es uno de los métodos más fidedignos en España para averiguar si una persona está viva o no: es posible solicitar el certificado de defunción de una persona en el Registro Civil donde esté inscrito el fallecimiento. Esta opción si bien va en contra de la idea de reducir la participación de intermediarios en el proceso de activación del testamento “inteligente”, es una de las más seguras y fidedignas.
  • Certificado oficial de un médico: este sistema se basa en el informe escrito de un médico que certifica la muerte de la persona física. La posibilidad de acceder a este documento permitiría una ejecución inmediata del testamento inteligente. El problema es la dificultad de poder acceder al mismo. Lo normal sería esperar que el médico informe al Registro Civil sobre el deceso y a partir de allí cualquiera podría enterarse de la muerte del usuario.
  • Mecanismos asistidos por humanos: la empresa gestora de los contenidos digitales siempre puede contactar directamente con una o más personas previamente designadas por el usuario (normalmente, sus familiares). Si bien esta opción va en contra de la idea de reducir la participación de intermediarios, es una alternativa válida que los usuarios pueden preferir en algunos casos (por ejemplo, el usuario puede preferir que haya terceros que validen y supervisen el proceso de su fallecimiento, actuando como “ejecutores” de sus últimas voluntades en el sistema tradicional).

Usando este conjunto de fuentes de datos de entrada, un algoritmo ponderado podría determinar el “estado de vida” del usuario –es decir, si está vivo o está muerto-con una periodicidad dada, o en un momento determinado.

2) Almacenamiento de datos

El almacenamiento de datos directamente en la blockchain actualmente es prohibitivo porque su precio es muy caro. Por ejemplo, almacenar 1 Gigabyte de datos en Ethereum blockchain costaría alrededor de 4 millones de dólares, según averiguaciones realizadas con algunos expertos en el tema. Debido a su alto coste, el blockchain no está diseñado para almacenar datos.

Como consecuencia de esta realidad, corresponde adoptar un enfoque diferente. Actualmente varias alternativas están siendo discutidas e investigadas. Puedo mencionar algunos proveedores identificados que operan en arquitecturas descentralizadas que ofrecerían almacenamiento de datos basado en blockchain: Swarm, Usenet, Storj, Sia, Filecoin. Lo cierto es que el almacenamiento basado en blockchain proporciona ventajas en términos de fiabilidad, resistencia a ataques DDOS y tolerancia a fallos, entre otros deseables atributos.

3) Funcionalidades asistidas por IA

La inteligencia artificial (IA) podría servir para asistir en el proceso de PdV y en la búsqueda de los beneficiarios del causante.

a) PdV asistida por la IA

El uso de la tecnología de IA podría simplificar la interfaz de la PdV mejorando así la experiencia del usuario y proporcionando un grado adicional de certeza. La PdV basada en IA se puede implementar como un sistema por defecto (“default“), como un proceso o una rutina de ejecución que se realiza en segundo plano (“background process“), transparente para el usuario explotando las mismas fuentes de datos mencionadas anteriormente.

b) Búsqueda de beneficiarios asistida por la IA. La transferencia de activos digitales de los causantes testadores a los beneficiarios legítimos puede resultar riesgosa: puede haber dificultades para encontrar a los herederos y legatarios testamentarios correctos. Como los Smart Contracts pueden haberse acordado mucho tiempo antes de su fecha de ejecución (y el testamento haberse otorgado y configurado con la blockchain varios años antes del fallecimiento del usuario causante), los beneficiarios testamentarios –llegado el momento de la muerte de su causante- podrían haber cambiado su información de contacto (con lo cual serían inubicables) o haber fallecido (con lo cual no habría beneficiarios). La tecnología de la IA podría ayudar a encontrar a los beneficiarios legítimos.

4) Problemas de seguridad

Para realizar una transferencia segura de activos o contenidos digitales sin la intervención de un tercero intermediario (notario, tercero de confianza, etc.) es particularmente deseable ofrecer a los usuarios “confianza” en el sistema y durante todo el proceso. Si bien esto se puede lograr fácilmente a través de la blockchain, esta solución requiere que cada beneficiario (heredero y legatario) mantenga una cuenta en la red (es decir, una dirección de blockchain que le permita enviar y recibir contenidos digitales) lo cual no es siempre sería factible.

Por otro lado, seguridad significa también que la empresa gestora de los contenidos digitales debe estar preparada y protegida contra eventuales ciberataques. Para reducir la posibilidad de sufrir este tipo de ataques, la empresa podría implementar una metodología de desarrollo de código más rigurosa, así como contratar a expertos independientes para que realicen periódicamente auditorías de código informático. También podría adquirir un seguro contra ciber-riesgos.

El acceso a los grandes depósitos de datos es algo muy apetecible para los ciberdelincuentes. El hecho de que la información se encuentre centralizada en grandes empresas (como Google, Facebook, Amazon, etc.) podría hacerla más insegura de cara a los potenciales cibercriminales a quienes les resulta más fácil robar información de un sistema centralizado que de uno descentralizado. Por eso lo recomendable puede ser trabajar con proveedores que operan en arquitecturas descentralizadas, tal como mencioné líneas atrás.

5) Problemas de privacidad

Por definición, las blockchain públicas como Ethereum no ofrecen privacidad, lo que puede comprometer la información almacenada allí que esté relacionada con el usuario. Hay que tener presente que cualquier plataforma deberá cumplir obligatoriamente las disposiciones del Reglamento General de Protección de Datos a partir del 25 de mayo de 2018.

Los datos podrían ser encriptados usando robustos algoritmos sin que ello suponga enormes costes. La integridad de los datos se podría garantizar almacenando en la blockchain un “hash” de los datos contenidos en cada “cápsula” digital.

6) Necesidad de que el servicio esté disponible a largo plazo

La empresa gestora de los contenidos digitales debe proporcionar garantías de sostenibilidad a largo plazo. En muchos casos, las “cápsulas” digitales del usuario podrían ser transferidas dentro de un lapso de tiempo de, al menos, varias décadas.  Está claro que los largos períodos de tiempo suponen un reto para este tipo de empresas y para sus plataformas de blockchain.

Desde el punto de vista de la arquitectura de la aplicación, tendrá que haber algún mecanismo que permita que el código informático evolucione con el tiempo y se adapte a los principales cambios tecnológicos. Por ejemplo, debería haber una funcionalidad que permita migrar el usuario de un Smart Contract de un blockchain a otro en el caso que el antiguo muestre signos “críticos” de escalabilidad o estabilidad.

Además –lo más importante, en mi opinión- se debe asegurar a los usuarios que su herencia o legado digital será efectivamente transferido o distribuido incluso en el caso que la empresa gestora de los contenidos digitales se disuelva o se extinga como empresa (o vaya a un concurso de acreedores).

Descubre los 3 retos legales que supone en España integrar tecnología #blockchain en los testamentos. Clic para tuitear

Retos legales

Todo lo que he contado hasta ahora suena muy bien desde el punto de vista informático y técnico. Ahora toca pasarlo por el filtro jurídico: ¿sería legal en España una solución tecnológica como la descrita? Mejor expresado, ¿es viable jurídicamente hablando el “Smart Will” o “Testamento Inteligente”? [3]

Primer punto

Lo primero que tengo que decir es que la solución propuesta -está claro- no serviría para sucesiones intestadas (cuando el causante no ha dejado testamento).

Puede que el fallecido no hubiera hecho testamento, lo que constará así en la certificación del Registro General de Actos de Última Voluntad, gestionado por el Ministerio de Justicia. En tal caso será necesario que un notario determine quienes son los herederos llamados con arreglo a la ley. Desde el 23 de julio de 2015 -fecha de entrada en vigor de la nueva Ley de Jurisdicción Voluntaria-, todas las declaraciones de herederos las tramitan los notarios. Hasta entonces si el fallecido no dejaba esposa, descendientes ni ascendientes, quedando parientes colaterales (hermanos, sobrinos, tíos, etc…), la declaración la hacían los juzgados.

Dicho esto, sin testamento no habrá base para utilizar Smart Contract alguno.

Segundo punto

En España, los testamentos abiertos y cerrados necesariamente requieren la intervención de un notario.

Dado que la escritura pública que contiene el testamento sólo circula mediante copias, ya sean en papel o electrónicas, y la matriz que contiene las firmas originales de los otorgantes se guarda formando protocolo en el despacho del notario que la autoriza (posteriormente pasa a los archivos notariales de cada Colegio y luego al Archivo Histórico), únicamente se cargaría en la blockchain una copia del testamento (más no el documento original).

Por tanto, la plataforma blockchain no “cargaría” el testamento original sino una copia que podría ser manipulada (lo cual, sería en este caso se podría comprobar comparándolo con el testamento original). Además, como antes señalé, existe la posibilidad de que el causante modifique su testamento antes de morir sin informar de ello a la plataforma de blockchain ni a la empresa que gestiona sus contenidos digitales. Esto podría traer problemas serios como sería la ejecución de un documento “inexistente” por haber sido modificado.

Otra posibilidad es que el notario intervenga en todo este proceso lo cual, de momento, veo poco probable (hablo de que el notario intervenga de alguna manera en el Smart Contract).

Mientras los notarios sean necesarios en el otorgamiento de testamentos abiertos y cerrados resulta imposible -jurídicamente hablando- prescindir de ellos en dicho acto, aunque a algunos prefieran que las cosas fueran diferentes.

Tercer punto

La eventual existencia de conflictos entre el causante testador (el cliente) y los beneficiarios legítimos, así como entre estos últimos entre sí, podrían trasladarse o perdurar después de la muerte. Me refiero a la posibilidad de que el testamento inteligente sea impugnado por uno de los llamados a heredar que considere afectados sus derechos. Podría incluso paralizarse vía medidas cautelares la ejecución del Smart Contract (del “Smart Will”) u ordenar el juez que se vuelva al estado anterior a la ejecución del contrato inteligente.

La idea de un Testamento Inteligente es una idea muy potente. Sin embargo, parte de una premisa que no siempre se da: la validez del testamento. Si la blockchain pudiera garantizar que el testamento que embebe y controla mediante un Smart Contract es válido, la solución descrita sería perfecta. Pero eso no lo puede hacer porque ni puede asegurar la capacidad de los otorgantes (para eso están los notarios) ni puede asegurar su no modificación posterior (que depende exclusivamente del causante).

 

[1] PREUKSCHAT, Alex y otros autores. Blockchain: La revolución industrial de Internet, Gestión 2000, 2017, 287 p.

[2] Ejemplo extraído de libro de PREUKSCHAT, Alex y otros autores. Blockchain: La revolución industrial de Internet, Gestión 2000, 2017, página 45

[3] He acuñado el nombre de “Smart will” para referirme al Testamento inteligente que opera como un Smart contract, bajo una plataforma de blockchain.

 

Licencia de Creative Commons Artículo bajo licencia de Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 4.0 Internacional.

“NO REPRODUZCAS SIN CITAR LA FUENTE”

Estimado lector: tienes la autorización del propio titular del sitio web, responsable del blog y autor del artículo para reproducir todo o parte del mismo, siempre que menciones y cites la fuente y que no te importe que Google penalice tu sitio web por duplicar contenido.

Abogado ejerciente experto en regulación legal de las tecnologías disruptivas, entorno jurídico de internet, emprendimiento digital y LegalTech, además de docente y conferenciante. Su blog Algoritmo Legal ha sido premiado como una de las mejores bitácoras del año 2017 por la Red Iberoamericana de Derecho Informático. Director y coautor de los libros “La Prueba Electrónica. Validez y eficacia procesal” y “Testamento ¿Digital?”. Su email es ricardo@lexmotive.com.